Índice de Precios de Consumo (Base 2011)

El Índice de Precios de Consumo (IPC) es un indicador estadístico que elabora el INE con periodicidad mensual y que tiene como objetivo medir la evolución del nivel de precios de los bienes y servicios de consumo adquiridos por los hogares residentes en España. El conjunto de bienes y servicios que conforman la cesta de la compra se obtiene básicamente del consumo de las familias, y la importancia de cada uno de ellos en el cálculo del IPC está determinada por dicho consumo.

A partir de enero de 2002 la metodología del IPC se renovó completamente. Los cambios metodológicos introducidos en este Sistema han hecho del IPC un indicador más dinámico, que se adapta mejor a la evolución del mercado, ya que se podrán actualizar las ponderaciones anualmente, y se podrán incluir nuevos productos en la cesta de la compra en el momento en que su consumo comience a ser significativo. Además, el nuevo Sistema establece los cambios de base cada 5 años, realizando una revisión completa de la metodología y la muestra. Como consecuencia de este esquema de funcionamiento, en enero de 2012 entra en vigor el Sistema de Índices de Precios de Consumo con base de referencia en el año 2011, que sustituye al anterior con base 2006.

En el Sistema Base 2011 se utiliza la definición de gasto de consumo de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF): “el gasto de consumo es el flujo monetario que destina el hogar y cada uno de sus miembros al pago de determinados bienes y servicios, con destino al propio hogar o para ser transferidos gratuitamente o semigratuitamente a otros hogares o instituciones”; definición que está en concordancia con los criterios utilizados por el Sistema Europeo de Cuentas (SEC-95).

En la EPF los distintos bienes y servicios de consumo se clasifican de acuerdo con la clasificación armonizada COICOP (Classification Of Individual Consumption by Purpose – Clasificación de Consumo Individual por Objeto).

Cabe señalar que la precisión con la que este indicador coyuntural mide la evolución de los precios depende de dos cualidades que todo IPC debe tener: representatividad (adaptación del indicador a la realidad económica del momento) y comparabilidad temporal (necesidad de que los elementos que definen el IPC permanezcan estables a lo largo del tiempo excepto, lógicamente, los precios recogidos mensualmente).

Las aplicaciones del IPC son numerosas y de gran importancia en el ámbito socioeconómico: se utiliza como medida de la inflación, se aplica en la revisión de los contratos de arrendamiento de inmuebles, como referencia en la negociación salarial, en la fijación de las pensiones, en la actualización de las primas de seguros y otros tipos de contrato, como deflactor en la Contabilidad Nacional, etc.


Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE).